Envejecer cerca: lo que Guanacaste nos enseñó sobre el futuro del desarrollo inmobiliario

Envejecer cerca: lo que Guanacaste nos enseñó sobre el futuro del desarrollo inmobiliario
Por Verónica Alfaro Coto, Directora Ejecutiva de CODI
El pasado 16 de julio, el sector inmobiliario y empresarial de Guanacaste se reunió en Parque Tempisque para una conversación que llega en el momento justo. En el marco del Design Forecast Live de Gensler, compartí panel con Rodrigo Arrea (Parque Tempisque), el Dr. Hanzel Larios (MEDI RED) y Mauricio Valenzuela (Gensler) para hablar de algo que suena lejano pero ya está tocando la puerta: el senior living y la economía plateada.
Confieso que la pregunta de apertura —¿qué significa envejecer bien en Guanacaste?— da para respuestas de todo tipo. La mía fue sencilla: envejecer bien es, antes que nada, envejecer cerca. Cerca de la salud, del comercio, del transporte y, sobre todo, de otras personas. Y eso no es un tema médico ni familiar: es un tema de cómo desarrollamos territorio.
Los números que ya decidieron por nosotros
Costa Rica está viviendo la transición demográfica más acelerada de su historia. La proporción de personas mayores de 65 años pasará de 10,6% en 2023 a 18,3% en 2038: de 546 mil personas a casi 989 mil, un incremento del 81% en apenas quince años. Al mismo tiempo, nuestra tasa de fecundidad cayó muy por debajo del nivel de reemplazo y hoy es una de las más bajas de América Latina. Los hogares unipersonales pasaron de 52 mil en el año 2000 a 296 mil en 2024, y el 44% de los hogares del país ya son de una o dos personas.
Detrás de esas cifras hay una realidad muy humana. En Costa Rica siempre asumimos que «la familia cuida», y ese modelo descansa en algo que está desapareciendo: hermanos que se reparten el cuido de los papás. Las familias que hoy deciden tener hijos suelen tener uno. La generación X en adelante será la primera que enfrente sola —o sin nadie— el cuido de dos padres y hasta cuatro abuelos, y en muchos casos envejecerá sin la red familiar tradicional. Ya empezamos a ver personas de la tercera edad cuidando a personas de la cuarta edad.
La conclusión que compartí en el panel es incómoda pero necesaria: la familia que va a cuidar en 2050 es un hijo único, o nadie. El cuido va a tener que venir del entorno construido —de la vivienda, del barrio, de la comunidad— y eso es exactamente lo que nuestro sector puede construir.
La respuesta ya vive en Guanacaste
Aquí está la paradoja más hermosa de esta conversación: el mundo entero viene a la Zona Azul de Nicoya a estudiar por qué su gente vive más y mejor. Y la respuesta no es infraestructura médica. Es tejido: caminabilidad, propósito, red social, pertenencia. La longevidad guanacasteca no la produjo un hospital; la produjo una forma de habitar el territorio.
La pregunta que nos hicimos en el panel es cómo diseñamos y desarrollamos eso deliberadamente, en lugar de heredarlo por accidente. Sería una tragedia que la respuesta de Guanacaste a la longevidad fuera importar el modelo institucional que el resto del mundo está abandonando. Los países nórdicos apostaron desde hace décadas por vivienda adaptada con servicios que llegan a la persona —donde el adulto mayor es propietario o inquilino de su unidad, no «paciente»—. Japón creó un seguro obligatorio de cuidados y todo un ecosistema de vivienda con servicios desarrollada por el sector privado. Australia y Nueva Zelanda construyeron una industria de retirement villages con marcos contractuales propios que hacen el producto accesible. Todos resolvieron lo mismo: financiamiento del cuido, un continuo de producto habitacional entre la casa y el hospital, y territorio pensado para todas las edades.
Nosotros podemos aprender de todos ellos y, aun así, diseñar una tipología auténticamente guanacasteca y costarricense. Podemos aprovechar el valor combinando de conocimiento y experiencias de otras latitudes y la forma de vida que por generaciones ha hecho de Nicoya una zona azul y con ello crear un laboratorio único que de como resultado nuevas formas de abordar la vida como adultos mayores en todas las etapas que conlleva.
¿Nicho o nueva categoría?
En el panel preguntaron si el senior living es todavía un nicho o el surgimiento de una nueva categoría de desarrollo. La respuesta fue directa: hoy es un nicho porque no existe la categoría. No hay marco regulatorio claro —un proyecto de senior living no sabe si es residencial, comercial o salud, y eso afecta uso de suelo, patentes, habilitaciones y financiamiento—. No hay vehículos de financiamiento pensados para este producto. No hay industria local de operadores.
Pero la demografía ya decidió que va a ser una categoría. Guanacaste ya recibe al retirado internacional con poder adquisitivo, y hoy le vendemos cierto bienestar y confort pero hay un producto de longevidad que resuelva el ciclo completo. Nuestra Ley 9996 fue una intención valiosa, pero tímida y de corto plazo. Mientras tanto, la generación costarricense que hoy tiene entre 55 y 65 años concentra el patrimonio inmobiliario del país y no tiene alternativas reales para su siguiente etapa de vida.
La única pregunta abierta es si esa oferta la va a construir el desarrollo formal costarricense o si se la vamos a regalar a otros mercados.
Lo que sigue
La economía plateada no es un nicho: es la demanda inmobiliaria de las próximas tres décadas. Costa Rica planificó ciudades para familias jóvenes con carro, y vamos a envejecer en ciudades que no fueron diseñadas para nosotros, a menos que empecemos a corregirlo hoy. Porque el hogar de ancianos es lo que pasa cuando no diseñamos nada intermedio.
Desde CODI seguiremos impulsando esta conversación con las instituciones, las municipalidades y los desarrolladores que entienden que aquí hay, a la vez, una responsabilidad país y una oportunidad extraordinaria. Gracias a Gensler y a Parque Tempisque por abrir el espacio, y a todos los que llegaron a conversar sobre el futuro. Un futuro que, si lo hacemos bien, nos va a encontrar viviendo más años, con más bienestar y —sobre todo— más cerca.
